Blancura insuperable

La obsesión con palidez es otra cosa que resulta insólita a los occidentales. En cuanto se percibe la más leve reverberación solar casi todas las mujeres se cubren con quitasoles, parasoles, o guardasoles (no me explico cómo podemos vivir sin ningún sinónimo de "paraguas"). Muchas de ellas utilizan productos cosméticos para blanquearse la piel, llegando incluso a darse baños de leche (desconozco si es de burra) en los salones de belleza. Como antiguamente pasaba en Europa, la piel morena es algo propio de la gente del campo y por lo tanto connota pobreza e incultura, mientras que la blancura implica pureza y delicadeza, impresión que se refuerza con una determinada forma de vestir y de actuar. Por poner un ejemplo, es muy extraño ver a una mujer fumando en público, y la norma es que las chicas vayan muy arregladas, con zapatos o sandalias de tacón, faldas y blusas de tonos claros, rebecas de punto…
A veces me cuesta recordar lo cursi y anacrónico que resultaría esto en el lugar de donde vengo.